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Tarifa Plana para Fomento de la Contratación Indefinida

Las empresas que contraten nuevos trabajadores con carácter indefinido sólo cotizarán 100 euros mensuales (1.200 euros al año) a la Seguridad Social por contingencias comunes (enfermedades y pensiones). Las empresas podrán beneficiarse de esta tarifa plana durante los dos primeros años y siempre que creen empleo nuevo; es decir, que aumenten sus plantillas.

Así planteada, esta medida recientemente aprobada y en funcionamiento desde el 25 de febrero de este año parece claramente positiva como incentivo a la contratación indefinida.

Pero nuevamente acudimos al popular dicho de “quién hace la ley hace la trampa”. Recién aprobada y ya aparecen huecos que pueden modificar sobremanera la bondad de esta medida. Señalamos dos que nos parecen especialmente relevantes:

- Se deja la puerta abierta a que las empresas aprovechen esta ayuda para sustituir empleados antiguos (por los que hay que pagar la cotización íntegra) por los nuevos (cuya cotización será menor). Para recibir la ayuda, el principal requisito es que “se trate de la creación de empleo neto”. Para medir esto la Seguridad Social tendrá en cuenta el número de trabajadores de la empresa durante los 30 días anteriores al nuevo contrato. La redacción de la ley permitiría así que una empresa en mala situación despida, por causas económicas, a uno o varios trabajadores. Y pasado un mes contratar a otros empleados acogiéndose a la ayuda. La ley también detalla que para beneficiarse de la tarifa plana la empresa debe mantener “tanto el nivel de empleo indefinido como el nivel de empleo total alcanzado, al menos, con dicha contratación” durante 3 años. Pero claro, deja fuera del cómputo los despidos individuales por causas objetivas (económicas, organizativas, técnicas), con lo que también podrá haber despidos y reducciones de empleo neto sin perder las ayudas

- También deja resquicio para convertir contratos temporales en fijos sin incrementar la plantilla (como en principio parece obligar la ley). Es suficiente con que la empresa mande al paro a un trabajador poco más de un mes y luego vuelva a contratarlo.

Queda claro que la redacción de las leyes es fundamental, y sus promotores deben esmerarse en atar todos los cabos para evitar la “trampa”. Y este es un buen ejemplo de cabos sueltos.

Pero también resulta fundamental el papel que deben jugar l@s empresari@s. Realmente si estos no comprenden la bondad de medidas como esta y solo están atentos a los recovecos que ofrece para llevar a cabo actuaciones inmorales (por muy legales que puedan ser) y/o contrarias a la filosofía que las inspiró es que realmente no han comprendido que la recuperación depende de que todos podamos arrimar el hombro. El tiempo dirá si tenemos o no el empresariado que nos merecemos.